EL BIG BANG EMPRESARIAL

Cuando se demostró que el universo es un sistema que está en expansión, surgió la pregunta sobre el inicio de esa expansión, esto es, sobre el origen del universo. No tardó la ciencia moderna en proponer una nueva teoría sobre ese origen: el big bang o teoría de la gran explosión. Esta explica como debió ser ese origen y el largo proceso de transformación que siguió hasta adquirir sus condiciones actuales. Señala que hubo una especie de “átomo primigenio” o “huevo cósmico” que al explotar dio origen al universo que se continúa expandiendo. Esta nueva explicación reemplazó la tradicional que concebía el universo como una gran pieza de relojería con todas sus partes perfectamente sincronizadas. Cada pieza guiaba a la siguiente y estaba guiada por la anterior. Era un gigantesco engranaje dependiente de una fuerza primordial que impulsaba todo el mecanismo.

Ese es el tradicional modelo newtoniano, atomista y determinista del universo. Señala que, en ese sistema, los movimientos de todas las partes están bajo el control de una fuerza superior e invisible que lo mantiene en equilibrio: la fuerza de la gravedad. Todos los comportamientos están predeterminados por esa ley que rige en todo tiempo, lugar y circunstancia. Como es inmutable, no se requiere la consideración del tiempo. Las relaciones de causa a efecto, que son sus consecuencias, funcionarán en el futuro de la misma manera como lo hicieron durante el pasado. Ellas explican y determinan las condiciones futuras. Hacen que el comportamiento futuro sea predecible. Su presencia es el fundamento del determinismo.

De manera similar, se puede abandonar la concepción tradicional y determinista de la empresa, como un mecanismo cuyas partes forman una cadena de relaciones de causalidad, de eslabones causa-efecto, con la ley de la maximización de los beneficios como la fuerza primordial, que determina su comportamiento y su desempeño. Se debe aceptar una concepción contemporánea de la empresa como un sistema en evolución cuyo desempeño es una condición que emerge de los resultados inciertos de los procesos que la conforman. Cuando se reconoce que su naturaleza es la de un sistema en evolución, también se puede preguntar, válidamente, por el inicio ese proceso evolutivo. Utilizando la misma analogía, se podría proponer que esos inicios también fueron los de una especie de big bang empresarial.

Así como el big bang del universo fue una gran explosión, un rompimiento de las condiciones iniciales, de igual manera el big bang empresarial es un rompimiento con las condiciones tradicionales que ha venido enfrentando un emprendedor. Surge en él como una nueva idea para resolver su inconformidad con las circunstancias que lo han venido rodeando; surge como una nueva manera de ver y proyectar su futuro. Esa idea de romper con las condiciones presentes es el origen de un sistema en evolución que la irá transformando hasta convertirla en una nueva realidad: en una nueva empresa. En un sistema evolutivo en el que se adelantan unos procesos que buscan el crecimiento y desarrollo que aseguren su sostenibilidad. Este es el big bang empresarial.

El origen de la empresa es la decisión de un emprendedor que busca cambiar las limitaciones que le imponen sus circunstancias actuales y se compromete a realizar los esfuerzos que demande convertir su sueño o idea de empresa en una realidad. Aunque las empresas son de naturalezas muy diversas, todas tienen el mismo origen. Todas se inician como una idea en la mente de un emprendedor. Como un diminuto “átomo primigenio” o semilla que puede ayudar a germinar y luego a cultivar de manera cuidadosa hasta que se convierta en un árbol con cuyos frutos espera recompensar, con creces, todos los esfuerzos realizados.

La empresa, como una creación humana que es, solo puede tener su origen en el mismo ser humano. No en las fuerzas del mercado ni en las ventajas que pueda tener la empresa sobre la acción individual como mecanismo de coordinación de transacciones económicas. No como explotación de las dotaciones o recursos que ofrece la naturaleza sino como generación de ideas, como la libre elección que hace una persona de crear una empresa como un medio para alcanzar sus propósitos, que pueden o no tener fines de lucro.

Las empresas son una creación humana, como las herramientas, ya sean tan sencillas como los martillos o tan complejas como los satélites. La empresa es la herramienta para hacer todas las otras herramientas. Se origina en la más excelsas de las virtudes del ser humano: en su capacidad de elegir su manera de actuar en búsqueda de alcanzar sus propósitos. En su capacidad de concebir nuevas maneras de solucionar sus problemas y en su compromiso para actuar en procura de materializar esas soluciones. En su capacidad para rebelarse contra las adversidades y tomar ventaja de las oportunidades que siempre se presentan en un mundo lleno de incertidumbre. En su capacidad de aceptar la irremediable incertidumbre sobre su futuro y asumir la responsabilidad de construirlo.

En este sentido, el emprendimiento es similar a las otras tareas que se propone el ser humano, tales como la práctica de las artes, los deportes o las profesiones. El sueño del atleta de ser campeón solo se logra con su obsesión y su tenacidad para avanzar cada día del entrenamiento que repite siete días cada semana. El atleta, que aspira a participar en los juegos olímpicos, requiere un proceso de formación y entrenamiento muy especializados. Además, requiere de unas dotaciones personales especiales. Igual con quien aspira a ser un empresario que juegue en las grandes ligas del mercado. Debe seguir un proceso de formación y entrenamiento muy rigurosos. Pero no requiere de unas condiciones físicas especiales. Solo unas virtudes y unos conocimientos esenciales. Una tenacidad para enfrentar las adversidades que genera la incertidumbre extrema que caracteriza los emprendimientos. Una valentía para sobreponerse al temor y a veces hasta el terror, que acompaña lo desconocido. Una fortaleza para enfrentar las múltiples adversidades que se presentan en el proceso de construir las empresas. La persona del emprendedor, con sus conocimientos y recursos, sus falencias y limitaciones, es el único medio de subsistencia que tiene su indefensa idea de emprendimiento para sobrevivir. Él es el responsable de la sobrevivencia de su idea de empresa.

Esta realidad del origen de las empresas, que a menudo se olvida, se presenta con una frecuencia inusitada. En todo momento las personas están evaluando sus condiciones presentes y contemplando las posibilidades de emprender nuevas acciones para mejorarlas. En muchas ocasiones, esas posibilidades incluyen la de crear una empresa. Todas las empresas, grandes o pequeñas, tuvieron el mismo origen: en la idea de un emprendedor. Lo que las diferencia es la manera como los emprendedores gestionan su evolución. Algunos logran mucho crecimiento y muy buenos resultados con la asignación de sus abundantes recursos mientras que otras no logran hacer una propuesta de valor que tenga suficiente aceptación por parte de sus clientes y mueren a muy temprana edad. O viceversa. Algunas con abundancia de recursos mueren mientras que otras triunfan, a pesar de su modesto acervo de recursos.

En efecto, el emprendimiento es una opción escogida por millones de personas. Algunos, la mayoría, son ideas pasajeras, semillas que ni siquiera logran germinar; otros apenas logran subsistir como una fuente de autoempleo e ingresos para sus emprendedores; otros no logran sobrevivir más allá de cinco años y unos pocos, después de muchos esfuerzos por parte de sus empresarios, logran desarrollar la capacidad de renovarse y crecer.

Todo depende de los resultados que logre el emprendedor en la gestión del proceso que materializa su emprendimiento. Una cosa es la generación de ideas de emprendimientos y otra muy diferentes es convertirlas en empresas sostenibles. Una cosa es gestionar el desarrollo de un emprendimiento hasta convertirlo en una empresa naciente y otra cosa es gestionar el desarrollo de esa empresa incipiente hasta convertirla en una empresa sostenible. Una cosa es sembrar una semilla y otra muy diferente es proveer los medios adecuados para su germinación y luego los cuidados necesarios para que llegue a ser una planta que produce frutos.

El emprendimiento es entonces un proceso y su esencia es convertir la idea del emprendedor en una empresa naciente. El emprendimiento mismo es entonces una empresa responsable de hacer germinar la semilla de empresa que ha concebido el emprendedor. En ese mismo proceso el emprendedor se transforma en empresario. El primero es el responsable de hacer germinar la semilla, esto es, convertir la idea de empresa en una empresa naciente y el empresario es el responsable de convertir esta naciente empresa en una empresa sostenible.

Es conveniente resaltar las definiciones que, de manera implícita, se han hecho. El emprendimiento es una empresa cuyo propósito es convertir una idea en una empresa naciente y cuya gestión es responsabilidad exclusiva del emprendedor. El empresariado es otra empresa cuyo propósito es convertir la empresa naciente en una empresa sostenible cuya gestión está a cargo de un empresario. Las tareas del emprendedor y del empresario puede ser desempeñadas por la misma persona, pero son de naturaleza muy diferente. El emprendedor es el ejecutor de las acciones que requiere su emprendimiento y el empresario es el coordinador de las acciones de lis terceros que participan en la empresa.

Los emprendimientos son similares a los procesos de germinación de las semillas o de gestación de los seres vivos. La germinación de la semilla, por ejemplo, inicia con el desarrollo de su sistema radicular que le permita fijarse al terreno y absorber el agua y los nutrientes del suelo en el que está sembrada. Luego desarrolla el sistema foliar que le permite absorber y transformar la energía solar y utilizarla, junto con los nutrientes, para su posterior crecimiento y desarrollo. Una vez completada esta etapa inicial, la planta está germinada y lista para adelantar el desarrollo de las siguientes etapas. La semilla que tiene el emprendedor en su mente debe seguir un proceso similar.

Pero, a diferencia de la semilla vegetal, que tiene incluido en su interior el código para guiar su desarrollo, su ADN, la semilla del emprendedor tiene que someterse al proceso que él adelante para guiar su desarrollo. Por eso lo primero que requiere un emprendedor es conocer la naturaleza de la empresa que debe ir moldeando a partir de su semilla de emprendimiento. De ahí, la importancia de conocer la verdadera naturaleza de la empresa para que sirva como referencia, o punto de partida, para identificar el proceso de transformación que se inicia con el big bang empresarial. Conocida la verdadera naturaleza de la empresa se pueden identificar los pasos que se deben seguir para configurarla.

Autor:

Alfredo Ceballos Ramírez

DBA Harvard University – MBA Stanford University

Presidente IARA Consulting Group

alfredo.ceballos@iaraconsulting.com